Soñar en el fútbol ya no es gratis

C.D. Castellón y Villarreal, los dos representantes provinciales que se oponen a la Superliga, una competición que acabaría con la meritocracia en el fútbol

Marcos Bernat (@marcosbernat98). Castelló

El fútbol es de la gente. Una frase que cualquier aficionado a este deporte ha podido escuchar repetidas veces a lo largo de su vida. Los clubs que, desde el pasado domingo, se autoproclaman como intocables por su ‘grandeza’ han adquirido su estatus y su riqueza gracias, en gran parte, a millones de aficionados de todo el planeta que deciden gastar una parte de sus ahorros y tiempo en disfrutar de este juego. Puede que ese ‘poder’ les lleve a pensar que son únicos, pero lo cierto es que, cada fin de semana, rueda el balón en millones de campos del mundo en los que las doce entidades que creen ser el epicentro no tienen ni un solo segundo de protagonismo.

En la provincia, C.D. Castellón y Villarreal C.F. se han unido a todos los equipos de Primera y Segunda que no participan en este despropósito para denunciar un torneo de clases. Tal vez, quien no esté interesado en indagar hasta el fondo del asunto piense que esta no es su guerra, que no pueden aspirar jamás a entrar entre los nombres más sonados del continente. Pero, ¿no es la ilusión la que mueve el fútbol?

La mayor motivación de cualquier seguidor de un equipo es levantar la cabeza y no toparse con el techo. Imaginen que, hace tres años, alguien le hubiera dicho a los orelluts que no podrían volver a la Segunda División, que está sería una categoría reservada para clubes más adinerados como el Espanyol o el Almería. Piensen qué sería de los groguets si les dijeran que no importa su papel en liga porque nunca podrán volver a vivir unas semifinales de Champions League.

El Castellón llegó a disputar una final de Copa del Rey en 1973. El Villarreal, por aquel entonces, no estaba situado en el panorama futbolístico nacional. Hoy, el submarino lucha por entrar en una final europea, cuando hace escasos años estaba en la categoría de plata. Los albinegros disfrutan del fútbol profesional cuando pocas temporadas atrás estaba al borde del abismo. Las historias cambian y el atractivo es no saber cómo ni cuándo lo harán

La dimensión del club no importa, todos deben aspirar a llegar a lo más alto por méritos deportivos, y no tan solo a la cima de los campeonatos de Europa, sino del propio país. La Superliga devaluaría una Primera División con 17 equipos repudiados que verían sus objetivos cumplidos a mitad de temporada. Y todo porque a unos pocos les parece insuficiente medirse ante ciertos rivales que consideran menores.

Ayer, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, se sentaba en el plató del programa El Chiringuito para contar que competían contra equipos sin nivel y que la gente necesitaba más. Tal vez el señor Pérez no recuerde que su todopoderoso club se quedó sin Copa porque le eliminó el Alcoyano, un Segunda B que hace poco más de dos años descendía a Tercera en una fatídica última jornada en la que se salvó, precisamente, el C.D. Castellón. Nadie sabe lo que deparará el futuro de Castellón, Villarreal o de cualquier otro club, y ese desconocimiento es lo que provoca que la gente siga a su lado.

 

 

 

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