Mi Arquitecto Benicarló, un club familiar que camina hacia la profesionalidad

La entidad del Baix Maestrat está firmando una temporada espectacular y tiene opciones de ascender a LEB Oro

Marcos Bernat (@marcosbernat98) / Aarón Siles (ValeroWM). Castelló

El baloncesto, como cualquier deporte de equipo, es impredecible. Las temporadas regalan sorpresas al espectador en forma de revelaciones. Protagonistas inesperados, humildes que superan a favoritos con menos recursos. El Mi Arquitecto C.B. Benicarló está siendo todo un ejemplo de ello en esta campaña 2020/2021.

El club familiar del Baix Maestrat está dando un paso de gigante hacia la profesionalidad, sin perder sus valores. Quintos en la tabla de LEB Plata, aspiran a jugar los play off por la segunda división nacional. Un reto impensable, poco tiempo atrás, que todavía está siendo asimilado por parte de la plantilla.

 

Ambición, la primera condición para soñar

La posibilidad de subir de categoría se veía lejana durante la primera vuelta, a pesar de los buenos resultados. Sin embargo, con la recta final del campeonato asomándose, comienza a ser toda una realidad. Raimon Carrasco, jugador, asegura que ya tienen muy presente la posible promoción: “Al principio, buscábamos la salvación. Ahora, tal y como se nos ha dado, tenemos opciones reales de disputar las eliminatorias de ascenso. Sería un premio para nosotros”.

 

 

Su compañero, el pívot serbio Nemanja Djordjevic, resalta que cada vez juegan mejor y están incrementando su nivel. El balcánico es prudente, pero optimista, sin restar opciones: “Será difícil, pero con continuidad y trabajando juntos en base de una idea común, claro que se puede“. 

Ejerciendo la clásica labor de entrenador, de centrarse en el día a día, el técnico Adrià Alonso recuerda que “no hay que olvidarse de que el objetivo principal es la permanencia”. A pesar de la cautela, y siendo realista con los números, reconoce que la situación da para ser optimistas: “Estamos en una posición envidiable, no hay duda de ello. Si podemos mirar hacia arriba, lo haremos”.

El preparador prevé un futuro ilusionante para una entidad que quiere saltar a la élite del básquet español. “Desde mi llegada, se han dado pasos para lograrlo. Hay ganas y recursos para hacerlo. Estamos asentando las bases y, si se mantiene el interés, se conseguirá”, apunta.

Salim Guerdi, directivo, es consciente de la trayectoria ascendente. Sin embargo, prefiere mantener los pies en la tierra, analizando el trabajo que queda por pulir: “Lo que nos falla es la estructura, somos un club pequeño. Por ejemplo, tenemos que profesionalizar en la dirección deportiva”.

 

La suma de muchos nombres

El éxito se trabaja en equipo. La clave de este Benicarló no tiene un solo nombre, sino muchos. Carrasco le otorga el mérito a toda la plantilla, sin olvidarse de quienes no entran a la cancha. “Hay mucha gente detrás que nos ayuda: preparadores, físicos, fisios, etc. Ellos lo preparan todo para que podamos dar el máximo”, afirma.

El buen ambiente dentro de un vestuario siempre es un punto a favor a la hora de competir. Adrià Alonso asegura que, tras su marcha a una nueva ciudad, los miembros del club hicieron muy fácil su adaptación: “Desde el principio, me han tratado muy bien. En tu primera experiencia fuera de casa, lo mejor es encontrar un lugar acogedor”.

 

 

El apoyo de Mi Arquitecto, clave en el camino hacia la profesionalización

El principal sponsor del club, Mi Arquitecto está desarrollando una labor muy importante para su crecimiento. La franquicia de arquitectura, más allá del propio patrocinio, colabora con el asesoramiento en materia de comunicación y de imagen, unos aspectos imprescindibles hoy en día en el deporte de alto nivel. Todos estos factores contribuyen a que la entidad benicarlanda vaya, poco a poco, haciéndose un nombre en el panorama baloncestístico nacional

La temporada del Mi Arquitecto Benicarló solo tiene un pero: la pandemia que impide que su público llene el Pabellón Municipal para apoyar al equipo en la mejor campaña de su historia. Las restricciones han permitido, en algunos casos, la presencia de 150 seguidores, como la semana pasada, en la victoria frente al Gran Canaria.

Pese a no poder acompañar a los rojillos,  la hinchada cadufera se ilusiona y vibra, cada vez más, con las gestas de los suyos. El extraño año, dictado por la COVID-19, marcará un antes y un después en una localidad que, tal vez, algún día esté en boca de todo el país por su equipo de básquet.

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