9M… Cuando abres los ojos

Después del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el deporte femenino queda olvidado de nuevo, sufriendo una clara desigualdad de género

Lola Valls. Castelló

Mis amigos me han empujado a escribir un artículo sobre el 8M y no penséis que es porque me quieren, ni porque les gustan mis escasas dotes literarias. Lo hacen porque saben que hoy estoy especialmente ácida y que este artículo podría decir demasiadas verdades.

Empezaré diciendo que es un convencionalismo de respeto el morderse la lengua cuando las diferencias tienes nombres, apellidos, fechas y hechos. Es como que queda feo ponerlos sobre la mesa. Y es por eso, precisamente por eso, por lo que celebramos el 8M y no el 22M, fecha en la que nuestra Ley de Igualdad cumple unos adolescentes catorce añitos. Para quien vive en el universo de las mujeres deportistas poco hay que celebrar. Y es que, una cosa es que exista o se pretenda esa igualdad tan cacareada, y otra que vivamos en una nebulosa de hipocresía que abajo, en el mundo real, tiene más tintes de miseria que menos.

Seguro que ya hay quien piensa: “¡qué dramática esta mujer!” Pues le animo a que venga a verlo de cerca. Y quien piense que esto es una crítica a los clubs o equipos masculinos, nada ha entendido. Aún en el siglo XXI vivimos en una sociedad de consciencias dormidas que, lejos de considerarnos iguales, o diferentes, nos sigue tratando como inferiores.

El otro día veía un precioso vídeo de un club de baloncesto canario que comenzaba: ” Si cierras los ojos y piensas en la palabra deporte, ¿qué imagen te viene a la cabeza? Un deportista”. Pero lo triste viene cuando los abres. Porque cuando abres los ojos ves todavía un problema educacional.
Ya hemos conseguido que las mujeres practiquen más deporte, pero ahora invertimos demasiadas horas en evitar que lo abandonen antes de cumplir los 18 años o en conseguir que sus familias las animen a seguir. Las mujeres somos capaces de estudiar y practicar deporte, sabemos trabajar y practicar deporte, podemos tener una familia y practicar deporte. Parece evidente, ¿verdad? Pues no lo es.

Cuando abres los ojos ves tus homónimos masculinos de cualquier deporte con unos presupuestos que multiplican el tuyo. Y eso es, ni más ni menos, la base de esa desigualdad porque ahí reside el gap salarial entre hombre y mujeres deportistas, las viviendas unifamiliares frente a los pisos multicompartidos, la comodidad frente a la austeridad… Cuando abres los ojos ves a esas grandes entidades bancarias que te dicen que ahora, con la COVID-19, no te pueden ayudar pero que a los escasos días renuevan su colaboración con más de un equipo o club cuyo género no es necesario mencionar. O aquella empresa que te dice que atraviesa malos momentos mientras llama a la varonil puerta de al lado.

Cuando abres los ojos ves a los periodistas especializados en deportes femeninos en constante ejercicio de supervivencia, mientras los grandes medios te relegan a rellenar vacíos de programación.
Cuando abres os ojos ves a las Administraciones Públicas que, conscientes de la realidad, tienen que poner parches e incentivos en las ayudas para reparar el agravio pero que nunca consiguen la equiparación. No nos engañemos, se les da más dinero público y privado, por lo que tienen más presupuesto, por lo que se pueden permitir más gastos y por ellos mismos tienen más ayudas. La pescadilla ya tiene el tamaño del tiburón tigre.

Cuando abres los ojos ves viajes maratonianos de once horas en furgoneta, hoteles baratos, ropa económica, médicos que no cobran, fisioterapeutas y preparadores físicos mal pagados (eso si los tienes), escaso material, retrasos en los pagos y quejas de los proveedores. Cuando abres los ojos, te ves mendigando ayudas y colaboraciones para que tus niñas y mujeres deportistas tengan las oportunidades que se merecen.

Así que cierras los ojos y te consuelas pensando que seguro que hay quien está peor que tú, das las gracias a esas administraciones que te escuchan y a la Fundación y las empresas ejemplares que te ayudan. Y tragas saliva para creerte eso que dicen de que, al fin y al cabo, eres una privilegiada. Después los abres, parpadeas para quitarte el regusto amargo y tiras para adelante.

Lola Valls, presidenta del Nou Bàsquet Femení Castelló

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